
Abrí la puerta y ya se había metido en la bañera. Me daba la
espalda, volví a admirar su rotundo culo, diciendo para mis adentros "date la
vuelta, date la vuelta" Y lo hizo. Mi hermana era una
auténtica preciosidad. Con el agua corriendo por su cuerpo parecía una auténtica
diosa. Bajé la mirada de su pecho al vientre, encontrando un pubis muy
arregladito, como ella misma había dicho. Una tira de vello de unos tres dedos
de ancha encima del chocho y prácticamente nada a los lados. Me miró y dijo "¿Te
vas a afeitar o piensas pasarte la tarde mirándome?".