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La polla estaba a punto de estallar, así que, una vez se metió en su habitación, salí al cuarto de baño quitándome la ropa a toda prisa. Cerré la puerta, abrí el grifo y entré en la ducha, comenzando a meneármela frenéticamente bajo el agua caliente. De repente la puerta se abrió y entro Isabel a coger su cepillo para el pelo. Me vio, quedándose paralizada en la puerta unos segundos, "Perdón, lo siento" dijo y salió.