|
|
La cabeza no tardo en abrirse paso entre mis gemidos entrelazados de dolor y placer. Centímetro a centímetro avanzaba en una ecuación imposible. Mis entrañas no podían dar cabida a un pedazo de carne semejante. Lentamente, entre dolor y excitación, mis paredes vaginales fueron albergando ese miembro imposible.